sábado, 30 de mayo de 2015

Musa III

Jamás en la vida me habían escrutado con aquella inteligencia y desnudez emocional. Jamás en la vida lo había hecho una mujer.
Querías ofrecerme un paseo nocturno e interminable por el Sena, lo sé. Quizás tirar de mí y volver a desnudarme conceptualmente.
Sueño con quitarte ese sombrero que te cubre medio rostro y tirarlo tan lejos como alcance mi fuerza, que el resto lo arrastre este vasto río. Reírme de ti, pero contigo. Jugar a hacerte perder la paciencia. Necesito probarte.
Reconozco que con cierta timidez, paseo cerca del café por si te vuelvo a encontrar. Pero parece que sólo exististe una vez.
Ahora llueve y no puedo volverlo a intentar. Desde aquí puedo ver cómo las gotas de lluvia dan golpes de indiferencia sobre el suelo adoquinado por el que pasé aquella vez.

Sin más opción, perdida en estas reflexiones, me pongo a fumar y te vislumbro entre las volutas de humo que forma mi boca. Sedienta, quizá, de una conversación complementada. 

viernes, 29 de mayo de 2015

Musa II

En mis noches de soledad, con mi taza de té hirviendo, a veces te imagino… Te veo bailando entre luces de colores vivos y derretidos.
No me olvido de aquella vez que te vi desde aquella olvidada cafetería de París. Ni de la hipnosis que me provocó el contoneo de tus caderas al son de tu melena castaña ondeando en tu espalda.
Y en esas noches, como esta, te imagino en una pista imaginaria de colores y sonidos confusos provocados por el opio. Mirándome con tu felina interna, y tus labios eternamente húmedos.
Maldita, ¿cuál es tu nombre? Deja de provocarme con tus ojos verdes y esa danza tan suculenta. No tengo más remedio que sentirme invitada, invadida por tu salvaje mundo, como un palpitar eterno.
Nunca termina este dolor de no tenerte entre mis brazos y sin embargo vicia como la peor de las drogas. Quizá como una absenta maldita, haciéndome alucinar con el hada que nace de tu esencia.
Te desvaneces… ¡Ay! Sin poder olerte.

Y me quedo con una quemazón en mi lengua por este maldito té, una vez más.